Iniciamos el curso 2026 - 2027

En estos últimos días de septiembre, dejamos atrás el verano, y con ello, a muchos detalles que nos ofrece esta temporada estival, como las horas de luz, el calor, vacaciones, sitios especiales, momentos de cuidado y descanso. Y también amigos y familia con los que nos encontramos en aquellos lugares de veraneo. Es hora de volver a las rutinas propias del curso, aquellas que cuando la vida discurre sin imprevistos o cambios importantes, aunque nos ordenan, nos cuesta volver a incorporar. Y que, cuando hemos vivido un hecho difícil o estamos atravesando un duelo, nos ayudan a volver a recomponer nuestros días, a la vez que nos pone en la dura realidad que afrontamos y que tanto nos cuesta retomar, haciendo que septiembre sea especialmente intenso y cansado.

En Vida y pérdida, retomamos nuestros espacios de apoyo al duelo, tanto de padres y madres, como de hermanos/as, y de aquellas personas que acompañamos de manera individual. Reanudar este compartir nos hace recordar la importancia de la red de familias que acompaña con comprensión y calma, sin juzgar y ofreciendo fuerza en el camino del duelo. En las primeras sesiones de nuestros grupos hemos abierto un espacio de compartir sobre estos meses de verano: cómo ha pasado cada uno este tiempo, qué momentos vividos han sido mejores, cuáles más difíciles, cómo se han visto frente a otros veranos anteriores. Nos colocamos en lo vivido para volver al presente, compartir cómo inicia el curso cada uno y recibir alguna propuesta o reto para el grupo.

En el balance del trabajo compartido durante el curso pasado se percibe que ha ayudado para vivir un verano distinto, no mejor, ni peor, pero sí notar cambios en uno mismo, en la manera de afrontar el dolor y sentirlo diferente.

Algunos han priorizado cuidarse, reponerse del cansancio acumulado en este camino emocional tan agotador como es el duelo; otros conectan con el momento y valoran pequeños instantes que el verano ofrece, también para acercarse a la naturaleza o a sus allegados y familiares. Otras personas han dado pasos para afrontar ciertos lugares difíciles a los que no habían vuelto, permitirse acercarse a una parte del dolor aún sobre cosas pendientes, abrirse a ciertos recuerdos agradables y difíciles, a la vez, o ganar seguridad en el compartir familiar. Otros dan paso a disfrutar, o conectar de nuevo con la sensación de vivir un verano más parecido al de antes. Este es un tiempo diferente del año en el que todo se flexibiliza y desordena, cambian horarios, actividades y rutinas.

En los primeros años tras la pérdida, el verano puede ser un tiempo de mucha soledad y vacío en el que la tristeza todo lo llena. En los grupos hablamos de todo esto y desde la comprensión que se recibe en la ayuda mutua, se fortalece el caminar individual de cada uno, porque ayudan a permitirse la no exigencia del verano como un tiempo de disfrute, sino a centrarse en las necesidades actuales de cuidados y sentir que la vida abre paso a emociones más agradables y cercanas a lo que uno entiende por volver a disfrutar.

En definitiva, más que desconectar, lo que hacemos en verano es conectar con nosotros mismos, nos cuidamos, somos más auténticos y aprendemos a escucharnos.

Tenemos una doble tarea en el inicio de un nuevo curso. Por un lado, la dificultad de los inicios o las vueltas, donde está el camino del duelo que nos conecta con la ausencia y duele. Por otro, volver a nuestro orden o a nuestra casa, que puede ayudarnos a recolocar cada día e impulsarnos en las rutinas, que nos hacen seguir hacia delante, por nosotros mismos o por nuestra familia.

En esta vuelta, nos pueden ayudar algunas pautas tienen que ver con el autocuidado:

  • Darnos un tiempo de adaptación para recolocar nuestros horarios: laborales, colegios, la casa…

  • Reajustar el ⁠sueño y alimentación para evitar el cansancio y sentirnos mejor físicamente.

  • Reiniciar actividades físicas de cuidado: deporte, paseos, gimnasio..

  • Retomar las ⁠rutinas motivantes, todo lo que nos hacía bien: psicólogo, grupo de terapia, volver al coro o a los encuentros con amigos íntimos.

Poner ⁠orden fuera nos ayuda a recolocarnos por dentro. Es recomendable que sea poco a poco y sin exigirnos demasiadas tareas, pues es natural que la energía no sea la misma. El verano nos aleja de nuestras obligaciones, nos cambia el ritmo y es natural que la vuelta sea intensa y cansada. Intentemos ser realistas con los objetivos que nos marcamos y no intentemos abarcarlo todo.

Por eso, paso a paso, juntos nos apoyamos para el inicio de este nuevo curso.