Salud mental y cuidados paliativos
En el mes de octubre se celebran dos días mundiales en los que nos concienciamos sobre su importancia. Por un lado, el segundo sábado de cada octubre se conmemora el Día Mundial de los Cuidados Paliativos que en este 2026 ha coincidido con el Día Mundial de la Salud Mental el pasado día 10.
En estos días, se ha celebrado el XV Congreso Anual de Cuidados Paliativos de la SECPAL, el lema es de lo más esperanzador: “Hacia un mar en calma en el final de la vida”, en donde la compasión y la presencia son las grandes intervinientes en este momento vital para tratar de ayudar al paciente en esta transición. En esta entrada hablaremos de la trascendencia de la salud mental en los cuidados paliativos y según el momento vital en el que se encuentre la persona.
Cada vez se profundiza más en la importancia de la salud mental de una manera que antes no se hacía. Después de la etapa crítica de la pandemia, ha sido considerada en su justa medida y normalizada por la sociedad de la misma forma que se atienden otras áreas de la salud física. Por fin reconocemos que el cerebro puede enfermar, aunque siga siendo ese gran desconocido para nosotros: las neurociencias van abriendo caminos que minimizan el tabú de la enfermedad mental y palian la falta de investigación que ha habido hasta hoy. Ahora bien, ¿cómo cuidar nuestro bienestar?, ¿cómo mantener el equilibrio?, ¿cómo abordar los problemas cotidianos de conducta y convivencia manteniendo el equilibrio emocional? No es tarea fácil y en esto está el cuidado de nuestra salud mental.
El cambio social ha incidido en las nuevas generaciones de una manera imprevista que puede alterar el afrontamiento de la vida diaria y llegar a convertirse en otros problemas que requieran de intervenciones o tratamientos largos donde se necesite la actuación de otros profesionales. Esto puede ocurrir a cualquier edad, aunque una de las etapas de mayor riesgo está en la adolescencia y primera juventud. Así como los adultos afrontamos la vida desde la experiencia, los anteriores están llenos de incertidumbre, falta de referentes, las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, internet y las perspectivas negativas del futuro, les hace más vulnerables y con menos recursos para resolver las dificultades del día a día. Lo más importante es atender a sus preocupaciones y limitaciones para resolver sus problemas. Así podremos ayudarles a encontrar sus propios recursos personales que, seguramente los tienen, pero no son capaces de reconocerlos por sí solos. Aquí es donde entran los equipos multiprofesionales de salud mental.
Si todo ello es importante en las distintas etapas evolutivas de la persona, ¿qué no será cuando tenemos a un ser querido en el momento de un final de vida?, ¿podemos hablar de salud mental cuando estamos en esta encrucijada de acompañar los últimos meses, semanas o días de vida?, ¿incluso, nuestra propia situación, si llega el caso? Diríamos que, mucho antes de hablar de salud mental tenemos que bajar a lo más básico que es la humanidad, el acompañamiento, la escucha, la compasión y, sobre todo, la presencia auténtica del momento.
Una gran enseñanza está en lo que es un encuentro muy delicado, muy vulnerable en un entorno que tenemos que hacer lo más seguro posible para la persona que sufre. Y no nos referimos solo al dolor físico… Nuestra sociedad tecnificada y, en cierto modo, deshumanizada. Desde los cuidados paliativos nos enseñan que lo más importante es acoger, sostener, acompañar y aliviar el sufrimiento entre las personas que toman parte en ello: paciente, profesional y familia.
¿Cómo crear ese encuentro? Lo primero, con lo más básico que muchas veces pasamos por alto: nuestra propia presencia, cogiendo las manos, mirando a los ojos, sonriendo suavemente, moviendo la cabeza o cerrando suavemente los ojos mientras asentimos con la cabeza… con silencio, sólo respirando a la vez que el otro… Todo esto es presencia y sin ella no lograremos crear una intimidad que nos permita conectarnos al otro para escucharle, atenderle, entenderle en los momentos en que lo necesite.
En su poema “Piedra de sol”, Octavio Paz decía que “El mundo cambia si dos personas se miran y se reconocen”. Y eso es lo que hacemos en un encuentro con la persona en cuidados paliativos: con la presencia, nos miramos a los ojos, nos vemos reflejados en los ojos del otro y nos reconocemos en la misma esencia. No creemos que haya conexión más profunda que ésta, ya que dejamos de ver a un extraño para reconocer su verdad más auténtica. Desde ahí, desde el encuentro con el otro, podremos avanzar en el cuidado de su bienestar psicológico y emocional en el proceso de atención paliativa.
Acabamos con palabras de nuestra maestra y psicóloga Pilar Arranz, pionera de la atención paliativa en España y, a la que mostramos nuestra más humilde gratitud por esa mirada y presencia con la que siempre nos acompaña.
“Escuchar el ritmo del otro, ceder cuando el mimbre ajeno está tenso, avanzar cuando busca el abrazo”