La escritura como elemento terapéutico

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El beneficio de compartir en grupo amplía el horizonte de nuestros propios recursos a la hora de vivir con el dolor de la pérdida. Primero porque hace que uno se sienta acompañado y segundo porque la escucha del otro hace que nos veamos en un espejo donde comprobar que tenemos recursos semejantes, pero también nos hace descubrir otros diferentes a los nuestros que podríamos poner en práctica. A través de las sesiones grupales que realizamos en Vida y pérdida, descubrimos aquello que hacemos y nos ayuda en el duelo.

En momentos trascendentales de nuestra vida ponemos en marcha actividades que nos facilitan evadirnos del dolor por la ausencia de nuestro ser querido y otras actividades que nos ayudan a tolerar el dolor que no podemos ignorar. Unas acciones ayudan a distanciarnos del dolor y otras van encaminadas precisamente a vivenciar nuestro propio dolor en los momentos que podemos tolerarlo para, poco a poco, ir integrando lo ocurrido.

Existen muchas maneras para dar salida a las experiencias dolorosas y a nuestras emociones. Hoy queremos hablar sobre la escritura y del poder de la narrativa. La escritura nos ayuda a pensar, reelaborar ideas que queremos trasmitir y, sobre todo, a poner palabras a nuestra vivencia: lo pensamos y sentimos, escribimos, leemos internamente o en voz alta para nosotros y, finalmente si así lo queremos, lo leemos a otros para compartir ese pensamiento o vivencia.

Sea para compartir o sea para uno mismo, la escritura tiene un efecto liberador que resulta muy terapéutico para dar espacio a vivencias dolorosas.

Al escribir, la premisa más importante es no juzgarse a sí mismo, sólo expresa lo que sientes.

A nivel neurológico, la escritura desarrolla nuestras capacidades visual, motora y mental. Y si lo hacemos a mano, mejor que en ordenador.

No tenemos tiempo para analizar todas las vivencias que nos ocurren día a día y seguimos adelante, acumulando... Así es posible que con tanto dolor, nuestras emociones queden retenidas dentro de nosotros o que las neguemos.

Escribir es una manera de conectarnos con nuestro interior y favorece el que podamos expresar las emociones que sentimos.

La escritura nos ayuda a atravesar el dolor, estimula nuestra mente y nuestro sentir mirando de frente al dolor. Así conseguimos dar salida a las emociones encerradas.

Al escribir recordamos y damos significado a lo vivido. Expresamos sin juicios externos, manifestamos rabia, rencor, culpa… Escribir es escuchar a nuestras emociones y así las liberamos.

La conexión con nuestro interior ayuda a aumentar nuestra autoestima y por caótica que sea nuestra expresión, nos ayuda a estructurar nuestro pensamiento a la vez que tomamos conciencia de nuestra realidad.

En un caos de pensamiento donde la concentración o atención se pueden ver mermadas, escribir nos ayudará a recuperarlas.

Cuando anotamos pensamientos que nos producen malestar, ya estamos reduciendo la ansiedad. Los “sacamos” de la mente y tomamos distancia con ellos. Escribir sobre el dolor, duele, pero una vez escrito, lo desplazamos de nuestra mente al papel y se hace más tolerable poco a poco.

Ayuda mucho cuando prestamos atención a lo que nos produce alegría y no sólo sobre lo que nos produce dolor. Escribir requiere un tiempo y lugar íntimo y de tranquilidad donde detenernos a fijarnos dentro de nosotros mismos.

Al principio escribe frases sueltas, según se te vayan ocurriendo. Más adelante podrás juntarlas y escribir sobre ellas y lo que sientes.

En Vida y Pérdida, utilizamos la narrativa como un recurso fundamental que ponemos en marcha para el trabajo con los grupos, se plantean tareas guiadas por psicólogas especialistas en duelo.