La infancia ante el duelo (II)

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Como hablábamos en la publicación anterior del Blog: La infancia ante el duelo , la muerte forma parte de la vida y vivimos de espaldas a esta certeza. Pero ¿qué ocurre con la muerte que nos toca de cerca? Esa que nos abate y se convierte en una tragedia personal que alcanza a toda la familia. Y más, si ha ocurrido antes de lo previsto, de forma inesperada o tras una enfermedad antes de tiempo.

Como adultos, afrontamos la muerte según nos va afectando, pero nos cuesta hablar de ella. Y si los adultos no lo hacemos ¿cómo lo hacen las niñas y los niños? Ellos aprenden a través de lo que ven, con nuestro ejemplo cuando nos observan afrontando un duelo.

 La infancia puede ser la gran olvidada a la hora de comunicar la muerte de un ser muy querido, pues sabemos que les va a doler y eso aumenta nuestro dolor. Si la noticia es repentina, también es traumática para ellos porque desaparece el ser querido en un instante para no volver y eso, dificulta su comprensión aún más. Las niñas y los niños preguntan de manera natural, pero aprenden a callar o no, según sea nuestra expresión a la hora de comunicar y vivir el duelo.

No es fácil hablar a un menor sobre la muerte de un padre, una hermana o de los abuelos. Intentamos proteger a la infancia del propio sufrimiento: es natural proteger, pero ocultarles la realidad, les deja más confundidos. Tenemos que darles la información necesaria y facilitarles que puedan expresar sus sentimientos, al igual que lo deberíamos hacer los adultos. La familia hablará de la muerte según su sistema de creencias y valores, prevaleciendo la sinceridad y dándoles la oportunidad de que participe en todo lo que deseen, acorde con su edad: ir al tanatorio, funeral, homenaje, otros actos en memoria...

Tenemos que contarles la verdad de lo que ha ocurrido intentando adecuar nuestro lenguaje al suyo. Aunque el concepto de muerte tal y como la tenemos los adultos se produce a partir de los 8/9 años, desde muy temprana edad, el menor percibe a su manera lo que sucede. A la hora de hablarles, atenderemos la expresión de sus emociones y les acompañaremos en su llanto, su risa, sus enfados… Sin olvidarnos de que mostrar nuestra pena, tristeza e incluso llorar, ayudará al niño en la comprensión del hecho.

La comprensión de la muerte se va interiorizando a medida que crecemos. Así la muerte es universal porque todos los seres humanos moriremos. Y es irreversible ya que, una vez se produce la muerte, nunca volveremos a estar vivos.

En nuestra dedicación como madres, padres, profesores o adultos relevantes para el menor, tenemos que tener en cuenta dos momentos importantes: hablarles de la muerte según su etapa de desarrollo, teniendo en cuenta su vinculación con la persona que muere, y a partir de aquí , ayudarles a vivir su duelo con presencia y compañía. Todo ello contribuye a que el menor vaya integrando a su ser querido en una nueva forma de vivir.

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Rangos orientativos de edad sobre la comprensión de la muerte en la infancia :

Desde el nacimiento hasta los 2/3 años: Es un tiempo de apego y el niño percibirá los sentimientos del adulto. El lenguaje como tal no nos ayuda, pero sí percibirá nuestras expresiones. Y reaccionará buscando mayor atención, no queriéndose separar del adulto.

Desde los 3 a 5/6 años (Educación infantil): No tienen el concepto de universal ni irreversible. Son curiosos y pueden hacer muchas preguntas. Contestaremos con sinceridad y usando palabras claras. Por ejemplo, “el abuelito murió ” en vez de “el abuelito se ha ido ”.

Desde los 6 a 10/11 años (Educación primaria): Empiezan a entender que la muerte es universal e irreversible y así van elaborando su propio concepto de muerte en relación a ellos mismos y los que les rodean. No hacen muchas preguntas y suelen expresar más sus emociones, en vez de hablarlo.

Desde los11 / 12 a 15/16 años (Educación secundaria): El concepto está totalmente interiorizado y la comunicación con ellos es más similar a la del propio adulto. Es posible que quieran participar en los actos y homenaje de forma activa. Necesitan ser escuchados y respondidos a sus preguntas con total sinceridad.

Desde los 16/18 años y más (Bachillerato): La adolescencia se ha alargado hasta los 21/22 años y es a partir de esa edad en que el adolescente se siente indestructible, pero sabe perfectamente de la vulnerabilidad del cuerpo. Su concepto está ya en la línea del adulto y la comunicación con él debería que ser lo más clara posible. 

Dependiendo de su edad, el menor necesitará del adulto no sólo en el momento de recibir la información sobre la muerte de un ser querido, sino que necesitará de su acompañamiento a lo largo de todo el proceso de duelo. Y, en todo ello, está implicada la familia, toda la sociedad y muy especialmente la escuela. Esto lo abordaremos en una próxima entrada a nuestro blog. 

Referencias bibliográficas de utilidad para acompañar en el duelo:

Guía de apoyo para el adulto:

Libros para leer con los menores:

  • Como todo lo que nace ” - Élisabeth Brami y Tom Schamp - A partir de 2 años.

  • Cuando estoy triste. Ante la pérdida de un ser querido ”- Michaelene Mundy. - A partir de los 3 años.

  • Cuando faltan mamá o papá. Un libro para consolar a los niños ”- Daniel Grippo. - A partir de los 6 años.

  • Cuando los abuelos nos dejan. Cómo superar el dolor ”- Victoria Ryan. - A partir de los 8/10 años.