La infancia ante el duelo

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En nuestra sociedad convivimos con una idea ambivalente de la muerte y en este último año, especialmente esta idea se hace más patente: la muerte es un tema tabú que se rechaza y no se habla, y por otro lado está presente en todas las partes: en el cine, en la televisión, en las noticias. Cómo viven los niños esta contradicción es algo importante para plantearnos la educación que les estamos dando ante la muerte.

Hablar de la muerte no resulta nada fácil pues la muerte nos asusta, nos incomoda y nos genera sufrimiento, sin embargo, la mayor certeza de la vida es que todos vamos a morir. Cuando acompañamos a un menor a crecer con la muerte, le estamos abriendo capacidades importantes que serán de aprendizaje para el resto de su vida. Es por esto que no debemos esperar a que ocurra cerca para naturalizar con los niños y las niñas que la muerte forma parte de la vida, y si ocurre, no podemos ignorarlos.

El niño que vive con la verdad, es capaz de afrontar la vida” Arnaldo Pangrazzi

En lo cotidiano, tenemos al alcance formas de abordar la muerte: cuentos, películas infantiles, cuando convivimos con animales o mascotas, en situaciones de personas conocidas… Los menores no tienen nuestros tabúes, durante su desarrollo están en aprendizaje continuo, por eso responden de una forma más natural y son capaces de decir de manera sencilla afirmaciones en las que nosotros titubeamos.

Y entonces, ¿cómo hacerlo? Lo primero: es necesario reflexionar nosotros sobre ello y comenzar por aceptar las emociones que la muerte nos produce de forma natural, compartiéndolas siempre que no nos desborden y ayudar a poner nombre, puesto que evitar palabras como “muerte” puede confundir enormemente. En este último año, la enfermedad del Covid19 está condicionando nuestras vidas, las de adultos y las de los niños, muchos estamos viviendo la muerte de familiares, incluidos los menores. Es imprescindible contarles, acompañarles y darles un espacio para vivir el dolor que les supone.

Para hacerlo, tenemos que tener en cuenta que será diferente el acompañamiento que necesiten según la cercanía con la persona fallecida; la edad evolutiva en la que se encuentra el menor, más allá de su edad física; lo ocurrido en el proceso de pérdida y las pérdidas anteriores que haya podido vivir.

Debido a su naturaleza animista y al pensamiento fantástico, resultan importantes cuatro conceptos para tener en cuenta a la hora de hablar de la muerte con los más pequeños y ayudarles a entenderlo:

  • La muerte como algo universal: todos moriremos.

  • Es irreversible: el que muere ya no va a volver.

  • Al morir se interrumpen las funciones vitales: la persona no ve, no oye, no piensa…

  • Toda muerte tiene una causa: es importante explicarla acorde a la edad.

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Los niños y las niñas necesitan contar con la protección de los adultos y esto no significa ocultarles lo ocurrido, sino hacerles presentes en lo que necesiten, y ¿cómo podemos ayudar a los niños ante una pérdida? Empezando por contarles y hacerles partícipes. Concretamente en este momento con la situación de aislamiento en el proceso de la muerte, donde todo queda como congelado, corremos el riesgo de excluirles más aun si no abordamos lo ocurrido, pudiendo ser más doloroso lo que ellos pueden imaginar (que su padre les ha abandonado, que su hermano ya no quiere verlos o jugar porque han sentido celos, o incluso que si vuelo hasta el cielo podré encontrarme con mi abuela…)

Para informarles de una difícil situación de muerte de un familiar o ser querido, nos puede ayudar esta pequeña guía:

  • Cuándo: lo antes posible de forma gradual.

  • Quién: especialmente los padres y si no se puede, alguna persona cercana con la que mantengan una relación estrecha.

  • Dónde: en un lugar tranquilo y seguro para ellos.

  • Cómo: evitando metáforas, usando la palabra muerte y explicando en la medida que pueden comprender la causa física.

  • Aclarando las responsabilidades sobre el fallecimiento.

  • Con cierta contención, es decir expresando la emoción sin desbordarnos.

  • Siendo conscientes de que no tenemos respuesta para ciertas dudas que presenten.

  • Dándoles la seguridad de que no va a pasar nada a los que le cuidan.

  • Proporcionando un espacio para expresarse: no fingir nosotros, aceptar que estamos tristes o enfadados.

  • Teniendo en cuenta informar de lo ocurrido al colegio y profesionales que trabajen con ellos.

Aunque pensemos que no es así, los niños y las niñas se dan cuenta de la realidad cuando nos ven y perciben lo que ocurre. Si no se ha hecho hasta ahora ningún ritual u homenaje con la persona que se ha ido, podemos hacerles partícipes.

Hace unas semanas colaboramos con Al final de la vida en el video “L@​​s niñ@s ante el duelo” en el que Belén Tarrat, psicóloga especialista en duelo, abordó este tema invitando a la reflexión: Cómo lo viven los niños y cómo los estamos acompañando los adultos, qué les podría ayudar, cómo hacerles partícipes en las dificultades de la vida.