Fechas especiales en el duelo
Tras el tiempo convulso que vivimos desde marzo 2020 ocasionado por la pandemia Covid-19 y que nos llevó a un excepcional Estado de Alarma con aislamiento, falta de contacto familiar y un inesperado aumento de muertes, hemos pasado a la reincorporación de la vida cotidiana con ciertas limitaciones. Algunas situaciones son semejantes, pero en otras se nos ha abierto una manera de vivir distinta: hay que tomar precauciones para no contagiarnos ni transmitir la enfermedad que sigue estando entre nosotros, además de tener que mantener una distancia física de la que no teníamos conciencia hasta ahora.
La enfermedad nos ha hecho darnos cuenta de lo inherente de la muerte en la vida. Ya sabíamos que no hay una sin la otra, pero una pandemia como ésta nos ha puesto de bruces ante ella. Para las personas que perdieron a sus seres queridos a lo largo de 2019, el aislamiento les ha hecho sufrir la ausencia del hermano, hijo, padre o amigo fallecido de una manera especial: no han podido compartir de forma presencial con su familia o amigos, en reuniones cotidianas o en salidas frecuentes. A lo largo del año, estas personas en duelo han ido teniendo sus fechas importantes, esas que se recuerdan y remueven con una intensidad especial. Tras pasar esos días significativos en la soledad de un aislamiento, vuelve el compartir de esa otra manera con familiares y amigos. También el verano… siempre vuelve… Y, para aquellos que sus vivencias se marcan en esta etapa estival, aún más.
Cuando nuestro ser querido fallece, todas las fechas especiales vividas con él se reavivan con esos recuerdos que sabemos son necesarios para nuestra aceptación de tan doloroso hecho, pero que también, en ocasiones, nos hace huir de ese recuerdo para intentar preservarnos del dolor que nos produce rememorarlos. En estos días especiales, vuelven el recuerdo del último cumpleaños que pasamos juntos, el suyo o el nuestro; lo que disfrutó con aquella última visita de todos los sobrinos en el hospital; el momento de cuando nació en este día de julio; aquella fiesta familiar en la que todos reíamos y él o ella se reía a carcajadas; ese día que el médico nos dijo que había que operar o aquel día de agosto en el que murió cuando teníamos la esperanza de que en pocas semanas iríamos a casa juntos.
Guardamos en fechas significativas todo lo que vivimos de manera especial. Es como si hiciéramos un libro de nuestra historia donde todo tiene un día y hora y en el que compartimos acontecimientos alegres o difíciles. A lo largo del duelo, la vivencia de la llegada y el final de la vida de la persona que tanto hemos amado nos remueve, y remonta a revivirlos tal como fueron, unas veces dificilísimos y otras muy entrañables. Recordar significa volver a pasar por el corazón y volver a vivir esos recuerdos marca su presencia en nosotros.
En los días previos a fechas significativas comenzamos a sentir el peso de la ausencia de nuestro ser querido y de un tiempo que se ha ido, vivimos sentimientos de tristeza por lo que no pudo ser o de rabia por lo ocurrido. En estos días, es importante confiar y dejarnos sentir la pena como necesitemos, entender que es natural revivir de forma intensa los recuerdos como si fuera ese mismo día, como si el tiempo no hubiera pasado.
Ayuda a expresar nuestros sentimientos el simbolizar con alguna acción que honre a nuestro ser querido y nos acerque a él. Es una mezcla entre darse permiso para sentir y significar todo el amor que sigue vivo en el recuerdo del ser amado.
Pasados estos días, volverá una calma que nos permitirá sentir que siguen muy presentes. También podremos tomar conciencia del apoyo que recibimos de las personas que nos acompañan y muestran su cariño en estas fechas y en el día a día.
Y el verano también forma parte de esas fechas significativas ¿Por qué se hace especial? Los días vividos en esa época del año son muy significativos en nuestras vidas. Desde nuestra infancia el verano supone el fin de unos largos meses de otoño, invierno y primavera y abre esos meses en los que cada momento es especial por contraste a los anteriores sumidos en una rutina escolar, familiar, laboral y de amigos. Para los niños, es el inicio de unos meses sin la rigidez del horario; para los padres, ese tiempo de liberación de rutinas como posponer las visitas al hospital para control de la enfermedad de su hijo. Todo lo que ocurre en el verano toma una trascendencia que se hace más significativa según lo vivido en él. Y cuando toda nuestra experiencia se relaciona a todo lo vivido con nuestro ser querido, cobra un nuevo significado haciéndolo más profundo y en el que se agolpan sentimientos de tristeza y melancolía, sobre lo que es y lo que pudo haber sido… como entonces… como en el verano pasado… Y en la esperanza de que, con este recuerdo, incorporemos a la persona fallecida dentro de nosotros, de otra manera… poco a poco.