El apoyo del grupo en la vivencia del duelo

Qué ofrecemos.jpg

Estos meses atrás con la situación del COVID-19 se han creado unas circunstancias muy diferentes a cualesquiera de años anteriores. Se acerca el cierre de este curso que ha sido muy distinto y, por qué no decirlo, también complicado, para todas las personas que hay detrás del proyecto Vida y Perdida.

Especialmente hoy, queremos haceros llegar las vivencias que hemos compartido con las personas que forman parte de los grupos de www.caminoadelante.es y a las que acompañamos en su duelo. En estos meses tan difíciles que hemos pasado y, ante este cierre de curso tras el confinamiento y la situación mundial de alarma sanitaria, ellos han sido un ejemplo ante la adversidad pues han mostrado resiliencia y un auténtico respeto a la vida.

La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más dolorosas que una persona puede vivir. Volver a la vida, aprender a vivir tras este hecho, conlleva un esfuerzo titánico en el que se recorre un camino terriblemente duro en un proceso de trasformación del dolor y de búsqueda. Tal y como los padres comparten, es un camino agotador, de mucha soledad y vacío del alma. La posibilidad de encontrar un espacio en el que sentirse acompañado y entendido para recorrer en grupo con personas que han vivido una situación similar, cobra un valor esencial en el duelo.

En estos grupos de apoyo, se ha creado un espacio de participación que logra ser reparador. No es fácil abrirse a la experiencia del dolor y acoger el sufrimiento de los demás. Sin embargo, en esta vivencia se encuentra un espacio único, sin barreras donde uno puede encontrar un lugar seguro en el que sentirse escuchado, comprendido y consolado.

Algunos de los beneficios observados que tienen los grupos de apoyo al duelo son:

Sentirse acompañado: saber que hay otras personas que viven una pérdida de las mismas características y comunicarse con ellas, ayuda a sentir que no eres el único y evita un posible aislamiento.

Verse comprendido y aceptado: al compartir pensamientos y emociones sin tener miedo a las críticas, hace sentirse entre iguales y, por ello, comprendido. Esto ayuda a aceptar el difícil camino de duelo que uno emprende, con el convencimiento de que “si mis compañeros han podido aprender a vivir tras la pérdida de un hijo, yo también puedo”.

Comprometerse y cohesionarse entre los miembros del grupo: la  incomprensión o la dificultad de escuchar el dolor por los que nos rodean, puede llevarnos a un aislamiento de nuestro entorno. El grupo ayuda a sentir que uno no está solo en su dolor y se percibe el empuje del grupo para seguir adelante, por uno mismo y por los demás.

Apoyo del propio grupo: aunque los grupos están coordinados y dirigidos por psicólogas, el mero hecho de compartir hace que, unos hablen y otros escuchen, que haya puntos de vista y valoraciones diferentes, pero muy similares a las propias, resulta muy beneficioso.

En estos meses de pandemia, la enfermedad y la muerte han puesto de manifiesto la vulnerabilidad del ser humano, reactivando recuerdos, preocupaciones y miedos por los seres queridos. Las personas de los grupos se han visto especialmente afectadas por la situación, con el agravante de vernos obligados a cambiar nuestra forma habitual de encuentro mensual presencial, adaptándonos a la situación y organizando las reuniones online. Gracias a los correos electrónicos entre reuniones y los encuentros online, hemos podido mantener y afianzar el apoyo en los grupos para continuar el camino del duelo. Durante este tiempo, todos los participantes nos han dado una lección de perseverancia y cohesión de grupo que se han visto multiplicadas ante la adversidad.

Como nos dice Yanira y Eduardo, perteneciente a uno de los grupos: “Para nosotros, poder compartir nuestro duelo y vivencias con Elia fuera y dentro del hospital ha significado encontrar un bálsamo. Un espacio donde poder compartir sin contenciones absolutamente todo lo que sentimos. Sin miedo a compartir sentimientos y pensamientos muchas veces incongruentes.

Agradecemos no sentirnos juzgados, presionados para estar mejor, con el tiempo hemos visto que ese momento llega, pero sin exigencias. Cuando empezamos a ir a las reuniones sentíamos esperanza al escuchar testimonios de padres que habían pasado por esto ya. Empatía con otros que están pasando lo mismo que nosotros. Sin duda ha sido nuestro SALVAVIDAS.

En el grupo, las psicólogas, nos han ayudado a encauzar la rabia, el pánico y la negación que nos producía tener que aprender a vivir sin Elia, pero nunca han intentado que la olvidáramos y eso, eso tiene un valor incalculable” Padres de Elia.

En julio cerramos esta etapa, con la esperanza de que en septiembre podamos retomar nuestras reuniones presenciales.

Con el inicio del curso, abriremos un nuevo grupo para todas aquellas personas que han vivido la pérdida de un ser querido en estos meses de pandemia y que, como mostramos en el vídeo “Abrazos en el aire”, sabemos que este lugar de encuentro les puede ayudar.

Durante estos meses de verano, seguimos acogiendo y atendiendo en todo lo que se necesite.