Acercarnos a esta Navidad

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La Navidad es una fiesta de especial ilusión para los niños, cuando somos adultos nos retrotrae a nuestra infancia y la celebramos de la misma manera, en una etapa diferente de la vida. Hay personas a las que les gusta, pero hay otras que la tacharían del calendario, todo dependerá de nuestra historia de vida. La realidad es que están ahí y cada año las pasamos como podemos.

En este 2020 sufrimos y luchamos contra una pandemia devastadora que afecta a nivel mundial. Y en esta situación, entramos en diciembre de una manera muy diferente a la vivida hasta ahora. Estas navidades vienen marcadas por todo lo que hemos sufrido a lo largo de un año lleno de sobresaltos, incertidumbre, miedos, separaciones, ingresos hospitalarios y para miles de personas, pérdida de seres queridos. La pandemia se ha llevado a padres, madres, hijos, hermanos, abuelos, tíos, amigos en unas condiciones terribles de aislamiento, soledad e impotencia, tanto para enfermos ingresados como para los familiares que no han podido estar a su lado. Si cuando perdemos a un ser querido, las primeras navidades son un momento duro en nuestro duelo, esta navidad con Covid19, se hace doblemente dolorosa porque está llena de incógnitas y renuncias a la hora de poder compartir consuelo en la familia.

Ahora tenemos que tomar decisiones como si viajar o no al núcleo familiar cuando se vive desplazado; pensar con quiénes reunirnos; quiénes pueden tener más riesgos; traer a casa a la abuela o mejor ir uno para cuidarla y cenar en nochebuena con ella; volver a casa tras el toque de queda y dejarla nuevamente sola; dividirnos en la familia para unos ir a este cuidado y otros quedarse solos en casa… En muchos casos tendremos que renunciar al deseo de estar con nuestros padres mayores porque están tan frágiles de salud que, quién sabe si será su última Navidad. Este testimonio de un participante en Vida y pérdida así lo refleja:

“Nosotros descartamos, por primera vez después de 10 años seguidos desde el fallecimiento de mi padre, viajar a Ciudad Real en fin de año y Reyes. El estado de salud de mi marido no lo aconseja, pero también por responsabilidad hacia mis familiares en riesgo, mi hermano  y abuelo principalmente. No es una decisión fácil de tomar porque el abuelo cumple en esos días y este año no podremos celebrar con él”.

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Como adultos tenemos que ocuparnos de nuestro propio duelo, pero ¿qué hacemos con los niños que han vivido la pérdida de un referente importante? un hermano, su propio padre, su abuela, un amigo del cole cuyo estado de salud se ha agravado en la pandemia y ha fallecido… Sabemos que si algo reconforta en el duelo, es poder compartirlo con otros que sienten la misma ausencia del ser querido: una lágrima que se escapa en la comida de Navidad porque se echa de menos al padre (para el adulto) y al abuelo (para la niña) tiene su consuelo en ese abrazo de complicidad que los une; o en esa pregunta del niño con un “¿qué te pasa mamá?”; o en ese achuchón del adulto al pequeño cuando es el menor el que muestra su pena.

Permitámonos nuestra pena y dolor de estos días en los que la ausencia es mucho más notoria. Tengamos en cuenta que, como adultos, podemos acercarnos al mundo del niño para escuchar y compartir lo que necesite. Y si no podemos acercarnos por nuestro propio miedo al dolor, dejémonos llevar por ellos porque, desde su mundo infantil, suelen marcarnos el camino a seguir.

No olvidemos que los menores aprenden de nuestros comportamientos de adultos. De forma que, cuánto más sinceros seamos con lo que sentimos, más cercanos nos sentirán y también lo expresarán ellos de forma natural. Si ven esa lágrima, podemos decirle que estamos llorando porque echamos de menos al abuelo y preguntarle que si a él le pasa alguna vez. Explicarles que es así, que si algo nos pone triste es posible que lloremos porque eso, es lo natural.

Podemos invitar a los niños a actividades para recordar al ser querido. Aquí ponemos algunas sugerencias y teniendo en cuenta su edad:

·       Ayudarle a hacer un dibujo de la familia donde esté la persona fallecida haciendo algo que le gustaba.

·       Recordar con el niño alguna anécdota y escribirla a modo de nota para el día de Navidad o releer en días sucesivos de vacaciones.

·       Preparar alguna manualidad para colgar en el árbol en recuerdo de la persona.

·       Si le gustaban las plantas, ir a buscar una para ponerla en la mesa y así recordarle; salir al campo a mirar los árboles que tanto le gustaba.

·       Dar un paseo por el parque al que solía bajar con el nieto a la salida del colegio y recordar los buenos momentos pasados allí.

·       Poner alguna canción de aquellas que tanto le gustaba, escuchar y bailar.

·       Cocinar aquel bizcocho que hacía para merendar.

Y si no nos sentimos con fuerza, no dejemos de preguntarles si les gustaría hacer algo especial para recordar al abuelo, a la mamá, a su hermano, o a su amiga del cole. No dejarán de sorprendernos algunas de sus respuestas.

Tengamos siempre presente que, compartir el dolor es como un bálsamo que lo calma de forma casi mágica.